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martes, 24 de septiembre de 2013

Memorias de Indhalia - (La Resistencia) - Capítulo 1 - El Mal Comenzar (El Primer Acto)

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Título del relato: Memorias de Indhalia
Libro: La Resistencia (1º Parte triología)
Parte: El primer acto
Autor: Black Luffy (Iván Ledesma)


Capítulo 1 - El Mal Comenzar




La pequeña tormenta amainaba, había dejado tras su paso una serie de rayos, truenos y una fuerte lluvia con restos de un pequeño viento que resultaba molesto. Ahora mismo se alejaba poco a poco de Cuartenia y el sol volví a brillar con fuerza.

Había llegado en a la nueva cuidad después de quince horas de viaje. En Cuartenia tendría que empezar una nueva vida, comenzándola desde cero debido a aquel fatídico día que había perdido todo lo más querido.
Si no fuese por el incidente de Galbania, no tendría que estar aquí con muchos nervios y con la moral muy baja, sin ganas de conocer a nadie nuevo. El ver la destrucción de donde me crié y la muerte de mi padre adoptivo, no me había sido muy agradable y me cambió bastante el carácter.

Habían pasado ya dos meses y aquellas primeras semanas fueron muy duras, me costaba dormirme, las pesadillas eran muy repetitivas y continuadas, fue un infierno pero poco a poco lo voy superando y me gustaría vengar la muerte de mi padre y saber quien había sido aquella persona que había llevado el dragón a centro.

Me encontraba en la estación, justo en la entrada sin ninguna maleta. El centro de Cuartenia se encargaba de todo el equipaje y la mudanza, además con gastos pagados por su centro, todo un honor. Allí justo a mi lado habían cuatro personas sentadas en un pequeño muro, llevaban un uniforme azul, las tres chicas con una pequeña falda que no ocultaba demasiado y el chico un pantalón vaquero pero negro, junto con una chaqueta roja con un pequeño escudo bordado y con una camiseta blanca, y las chicas también iban iguales aunque con unas botas altas hasta casi llegar a la rodilla de color negro como la falda, pude deduje que serían del centro de Cuartenia.

Al parecer la tormenta había dejado un calor húmedo y los rayos de sol calentaban más el ambiente. Esos rayos hacían que poco a poco los charcos de la calle reflejasen con mucha intensidad y era algo molesto mira al frente sin tener que cegarse con uno de ellos.

A lo lejos se acercó un coche que paró enfrente de mí y pude ver como la ventanilla bajaba automáticamente. El conductor se echó hacía adelante del asiento del copiloto y me preguntó:

-Hola, qué tal, ¿te llamas Iván? – yo asentí con la cabeza y me dijo que subiese con voz y con un gesto. Cuando entré dentro del coche, me siguió hablando el conductor mientras me colocaba el cinturón – Soy el chófer que el centro de Cuartenia ha mandado para que te recogiese, venga ya llegamos tarde, porque esta tormenta no me ha dejado moverme muy rápido.

Aquel coche estaba totalmente impecable, hasta tenía un olor a nuevo bastante embriagador. Avanzamos con rapidez por el pequeño aparcamiento y salimos a la calle, y continuamos por la cuidad donde los viandantes estaban con los paraguas cerrados y con aspecto de no disfrutar de su paseo.

Había muchos edificios antiguos aunque reformados, con fachadas llenas de decoraciones, y casi todos eran dragones. Todos estaban muy orgullosos de su centro de magia, ya que incluso la bandera de la cuidad estaba adornada con un dragón muy parecido al del escudo de Cuartenia.

Cuando pasaron diez minutos mientras nos movíamos por muchas calles, pude ver como salíamos de la cuidad porque el terreno se ampliaba cada vez más y la ausencia de viandantes delataba que todo se quedaba atrás. Al parecer la cuidad no era muy grande pero sí famosa y rica, se pudo comprobar por la cantidad de casas lujosas que habíamos atravesado y a lo lejos, en una carretera llana y muy larga, pude ver una gran columna de luz que atravesaba desde una torre de un edificio hasta el cielo y se perdía en el espacio. Nos íbamos a cercando y pude divisar mejor aquel majestuoso lugar, estaba compuesto por diferentes torres, unas muy altas y otras bajitas, junto con varios módulos a los laterales, era un edificio muy bonito de un color bastante vistoso, todo muy lujoso. Tenía entendido que sólo unos elegidos podrían ser alumnos de ese lugar y a mí me aceptaron después de presentar la solicitud dos días después del accidente.

-Bueno como vamos un poco callados, voy a comentarte un poco lo que estás observando, ya que veo que te está gustando – dijo el chófer sin previo aviso – Ese edificio es el centro de Cuartenia, tan majestuoso y el mejor de toda Indalia, de ahí han salido los mejores mago de la historia y ya sabes, hasta el increíble Emilse Walter, que logró salvarnos del malvado Nelse Donovan, que ya sabes, que apenas se habla de él ya.

-Sí conozco la historia, fue en la guerra que tuvo al mundo entero en una gran batalla y que estuvieron apunto de destruirlo por completo, pero bueno ese Emilse Walter estaba ahí para ayudarnos y liberarnos de Donovan – comenté, lo había estudiando bastante esa parte de la historia, ya que Emilse era un ejemplo a seguir de un humilde mago que llegase a ser el más poderoso de toda la faz de la tierra pero por desgracia cuando derrotó a Nelse, fue hechizado y murió al poco tiempo por culpa de una maldición.

-También desgraciadamente estuve Donovan en el centro ya que eran hermanos y sorprendentemente, tenían las mismas debilidades pero Donovan era un mago muy poderoso con magias oscuras – seguía comentando el chófer y me interesaba cada vez más, siempre quise ser como Emilse pero era un trabajo muy complicado y tendría que empezar por ser Brian alquimista – Bueno, cómo es que has llegado tan tarde a este centro, quizás sea una pregunta un poco indiscreta.

-No sé preocupe, llegué forzosamente, yo estaba muy bien en el Centro de Galbania pero pasó lo que pasó y me vine a este lugar porque me lo aconsejaron – le dije con resignación y no le miraba para nada. Al parecer tragó saliva y se quedó un poco sorprendido por aquello.

-Vaya, por lo que veas eres uno de los dos el único supervivientes de esa catástrofe, ¿o me equivoco? – asentí con la cabeza y se dio cuenta de que no me apetecía hablar de aquella situación.



Al parecer habíamos llegado ya, estábamos en una especie de frontera, con unas vayas de metal que no permitían meterse dentro de un túnel. Pude ver que por arriba el edificio se veía más bello y que el túnel debía llevar adentro del centro, aunque tenía bastante seguridad. Dos casetas conectadas con esas vayas impedían el paso y dos guardias las custodiaban, al parecer con bastante recelo.

Paramos en frente de la barrera para entrar y el guardia salió con cara de pocos amigos. Se le veía con pocas ganas de trabajar y se pudo observar por dentro que estaba con una televisión, y con una videoconsola.

-Buenos días, en qué puedo ayudarles – dijo el guardia de seguridad al conductor. Este le dijo que veníamos con un permiso de una monitora y le enseñó una especie de pase, lo verificó con un aparato y sonó un pitido que parecía ser positivo – Pueden pasar, recuerde que la monitora le espera en la dársena 6, buenos días y que tenga un buen día.

Chasqueó los dedos y la barrera se levantó a una velocidad moderada. El conductor arrancó de nuevo el coche y nos adentramos en el túnel, que al parecer era bastante lujoso también. Tenía unas paredes bastante brillantes con unos azulejos de color oro y unas luces hacían que brillasen aun más.

Avanzamos pasando por dársenas y por diferentes lugar donde los coches aparcaban, hasta que acercándonos a la dársena 6, aminoró la velocidad que no se podía sobrepasar más de cuarenta kilómetros por hora y se metió en el desvió. En los pequeños aparcamientos que había, una chica alta, delgadita y con un uniforme distinto al que había visto en los otros chicos de la estación, hacía gala de su belleza que trasmitía.

Paramos a su lado y el chófer se despidió de mí, abrí la puerta y la chica sonrió. Cuando estuve fuera del coche, cerré la puerta y el chófer dio marcha atrás, para marcharse del lugar.

-Hola Iván, me llamo Elisabeth y seré su monitora principal en lo que queda del curso – estiró el brazo y su mano se estrechó fuertemente con la mía. Su voz sonaba muy agradable y aquel uniforme tenía un escudo igual al de los chicos pero con varias estrellas debajo de él, era de color azul con su falda también y camiseta blanca y botas negras, le quedaba muy bien ese uniforme- Ahora le enseñaré las instalaciones para que pueda centrarse y ver los lugares más importantes del lugar, y espero que cuando vaya solo no se pierda.

-De acuerdo, gracias por su ayuda – me comentó en que consistían las pruebas para ser Brain, y resulta que habría que hacer un examen teórico que ya lo había aprobado en el otro centro y que convalidaba y luego uno práctico bastante duro, aunque aún no sabían en que iba a consistir. Estuvimos recorriendo un lugar muy precioso, aquel edificio por dentro era muy lujoso y con diferentes zonas:

Como la biblioteca que estaba totalmente dedicada para la búsqueda de información, para el estudio y para poder alquilar un alto número de libros, había muchísimos y la biblioteca no pude recorrerla entera pero ya asustaba al ver lo grande que era la estancia. Luego me enseñó una zona donde se podría entrenar realmente pero con simuladores que habían la estancia totalmente infinita, era la maravilla de las máquinas que había creado un pequeño profesor de ese centro hace muchos años y se puede incluso llegar a morir por la crueldad de las batallas, y bueno habría que tener un poco de cuidado con que se lucha y controlarse en los momentos más duros.

Otro de los lugares que pude observar por encima es la enfermería, la cafetería donde se podría comer pagando lógicamente, el bloque de las aulas que tenía muchas de ellas para cada rama de Brain, para preparar a los más jóvenes, aspirantes a Brain y más cosas de las que no estaba muy enterado. Y por último paramos en la zona de los apartamentos, donde cada uno tendría su pequeña vivienda, podría tener un piso individual para poder rehacer mi vida.

-Bueno este es el fin del trayecto, he podido enseñarte la mayoría del centro y aún quedaría algunas cosas pero como se te ve cansado, he pensado en que quizás quieras empezar a instalarte en tu apartamento – decía la monitora, pasaban alumnos y alumnas que hablaban bastante, y las miradas se les iban hacia mí, como si fuese el nuevo mono de la feria del centro – Todas tus cosas están dentro, esperemos que se sienta cómodo, si tiene alguna duda o algo, no dude en llamarme, te dejo mi tarjeta de contacto.

Me entregó una tarjeta con varios números y con su foto, nombre y cargo que tenía en el centro, cada vez esto me parecía más un ejército que otra cosa. Además de esa pequeña tarjeta, me dijo que para entrar en mi piso debería colocar mi mano en un pequeño panel a la izquierda para que detectase que era yo y así, colocarme como único propietario. Coloqué la mano y ella tocó unos mecanismos con los dedos y sonó un pequeño pitido, entonces la puerta se abrió con suavidad.

-Vaya, un sistema bastante interesante de seguridad aunque con una simple patada se abriría – le comenté un poco decepcionado con la seguridad. Ella se rió con delicadeza y se giró hacia mí y me dijo:

-Estás un poco equivocado, los apartamentos tienen un escudo que los protege de posibles robos, ese escudo mágico detectará si eres tú o no el propietario, por lo tanto entra dentro – dijo con el brazo indicando el camino. Entré y de repente una fuerza me invadió todo el cuerpo, me sentí como si me tocasen todo el cuerpo y de repente cedió – Bien la vivienda ya ha verificado que eres su dueño, por lo tanto sólo tú podrás entrar en la casa y si quieren asaltarla una fuerza bastante dura, los congelaría.

-Buena manera de antirrobo, me gusta – dije y sorprendido por la medida que habían instalado. Pude observar que el apartamento no era tan pequeño como me imaginaba y el salón era conectado con la puerta de la entrada, también pude ver que estaba todo mi equipaje a un lado apoyado – Gracias por traerme el equipaje, la verdad es que poco se ha podido salvar de la explosión pero he estado comprando cosas para poder volver a tener todas las cosas que perdí y otras nuevas.

-Lamento mucho lo que pasó en Galbania y la muerte de su padre, espero que aquí pueda rehacer su vida y una última cosa, personal claro, si necesitas algo y si te puedo ayudar en lo que sea, lo haré – dijo ella sorprendiéndome, al parecer no era como otras monitoras – Bueno me marcho tengo que hacer los papeles de que ya has llegado, por lo tanto ya sabes, espero que disfrutes de tu estancia y espera, se me olvidaba una cosa, recuerda que tienes que pasarte por tu aula antes de finalizar el día para decirle a tu tutora que has llegado y pueda darte tu horario, gracias y encantada- me dio la mano de nuevo y se marchó cerrando la puerta con suavidad.

Cuando se marchó, empecé a mirar lo grande que era el apartamento y pude comprobar que no era pequeña, tenía dos habitaciones amplias, un baño en mitad de un pasillo estrecho pero largo y con una cocina conectada con el salón, con barra americana de las que me encantaban.

Luego me eché en el sofá que estaba en el salón y encendí una pequeña televisión de veintidós pulgadas de pantalla plana. Lo primero que pude ver era la guerra que mantenía Frasia y Alemntia, dos países vecinos que llevaban seis meses en esa guerra tan tonta que no entendía que a estas alturas de la historia, se peleasen por territorios. Poco a poco con el cansancio del viaje, me quedé dormido en aquel lugar tan cómodo.

Pasó casi toda la tarde, y me desperté con las energías renovadas, pude observar la hora en un pequeño reloj que había encima del mueble de la habitación y ya estaba acabando el día, me quedé sorprendido y me levanté de un salto para ir junto a la tutora. Cerré la puerta del apartamento y estuve corriendo hasta casi llegar al módulo de las aulas, allí al dar la esquina choqué con alguien y caí al suelo con fuerza, me agarré la cabeza y pude observar como una chica, también se encontraba en el suelo lamentándose de aquel golpe tan inoportuno.

Me levanté y me acerqué a ella, no había nadie en aquel lugar y también fue mucha coincidencia chocar con la única persona que pasaba por ese mismo momento pero cuando le di la mano para subirse, pude sentir como me la agarraba con fuerza y se aupaba para arriba.

Me miró a los ojos mientras maldecía en bajo y me quedé prendado de su mirada. Ella también lo hizo y fue como un pequeño flechazo, un sentimiento me llenó todo el cuerpo y pude ver como se sonrojaba ella por el tiempo en que me quedé sin ninguna palabra.

-Perdona por el golpe, iba corriendo sin mirar porque llegaba tarde para hablar con la tutora del último curso de aspirante a Brain y como soy nuevo, aún ando despistado – le dije, ella echó una risita.

-Resulta que se acaba de marchar, yo voy en esa clase y por las tardes, es raro que esté hasta tan tarde haciendo sus funciones como tutora, y prepara mucha materia en su despacho, si quieres te indico donde es – me comentó, aquella voz me había gustado bastante, no tanto como aquellos ojos y la mirada tan profunda que tenía.

-Bueno si eres tan amable, me ayudarías a no tener que quedar tan mal el primer día que llego – le comenté, de nuevo echó otra risa y recogió sus libros. Me comentó que la siguiese y me llevó hasta un ascensor, allí esperamos a que llegase y estuvimos hablando.

-Así que eres nuevo y por lo tanto, irás en mi clase si es tu último año de aspirante a Brain, me llamo Athenea y estoy encantada de conocerte – dijo ella, acercándose para darme dos besos, yo se los di – y bueno, cómo te llamas tú y cómo es que vienes tan tarde al centro.

-Bueno mi nombre es Iván y vengo desde Galbania debido a que hubo esa explosión en el centro donde estudiaba y logré sobrevivir aquello, me aceptaron en el centro y aquí me ves, intentando rehacer mi vida – ella al escuchar lo de la explosión echó un pequeño grito y se le puso la cara colorada, como si se sintiese mal por aquella pregunta – No te preocupes, sólo hubo dos supervivientes y sé que ha sido algo bastante duro pero ya no pienso en eso.

Ella sonrió y el ascensor llegó, nos metimos en el y le dio para subir a los pisos de arriba. No me había enseñado la monitora que había en los pisos de arriba pero me imagino que serían los seminarios y los despachos, y no me equivocaba cuando llegamos, pude ver en las puertas las estancias y algunos ponían seminario de Alquimia, seminario de Hielo…etc.

-Hemos llegado ya, espero que te no te haya parecido muy largo el camino, si quieres te espero aquí, total ya no tengo nada que hacer – comentó ella, le asentí con la cabeza y llamé a la puerta con dos toquecitos.
Escuché como decían pasen, y entré abriendo la puerta, entré en un despacho un tanto extraño, tenía cientos de libros en el suelo, en estanterías en las mesas, todo lleno de libros menos la mesa centran donde sólo uno ocupaba cierta parte de ella. En las paredes había figuras extrañas y cuadros abstractos de esos que nadie sabe lo que se dibuja y una señora de no muy alta edad estaba mirando los apuntes sin mirarme tan siquiera quien era.

-Hola me llamo Iván y seré su nuevo alumno – le dije, me puso la mano como si tuviese que callarme y no seguí diciendo palabra, dejó de mirar el libro y sus apuntes, me miró y sonrió, se levantó de la silla y me agarró de la mano con las dos suyas.

-Me alegro de conocerte Iván, he visto tu expediente y es realmente un honor tener un alumno de tu categoría, que haya ganado tantos premios, tantas cosas y que sea un alumno ejemplar- decía poniéndome rojo, no sabía que mi expediente hubiese sido tan satisfactorio para nadie – Encantada y ahora sé que ya has llegado, por lo tanto te dejaré el horario, mañana tendrás que madrugar ya, porque la primera hora será a las 8 y tocará conmigo tutoría.

-De acuerdo – me entregó el papel y pude ver todas las clases que tenía, no parecía nada complicado y con total de repasarlo por la noche antes de dormir, se me quedaría rápido en la cabeza.

-Bueno pues ya puedes marcharte, estarás cansado del viaje – dijo ella, me volvió agarrar la mano con las dos suyas y se dio la vuelta, para volver a sentarse en su mesa y centrarse en sus apuntes.

Cuando estuve afuera, estaba Athenea sentada en el suelo apoyada contra la pared. Sonrió al verme y se levantó, me preguntó qué tal me había ido y me dijo que era una profesora rara, pero de las mejores que había. Estuvimos hablando un buen rato mientras andábamos y llegamos a la entrada de la cafetería, que estaba separada de los demás módulos por un pequeño puente, y en aquella entrada se encontraba un grupo de gente, no parecían tener buenas pintas.

-Hola Athenea, qué tal estás – dijo uno de ellos, era moreno, con el pelo pincho y no tenía puesto el uniforme, quizás algunos se lo quitarían por la tarde debido a que no habría clase en algunos cursos en horario de noche. Athenea no le hizo mucho caso y tiró de mí, porque observó que se acercaba a nosotros, él puso cara de enfado y apareció a su lado con mucha rapidez, y la agarró del brazo – qué pretendes, por qué pasas de mí y tiras de ese subnormal.

-Suéltame, te he dicho que no quiero saber nada más de ti, es que no te entra en la cabeza que mi vida ya no gira a tu alrededor y que hace más de un mes que lo hemos dejado – me enfadé por la actitud de ese chico y al ver mi expresión, sus amigos se levantaron de estar sentados en el pasamos del puente y él puso el brazo para que se frenasen.

-Chico, qué pretendes con esa mirada – El chico soltó a Athenea con fuerza y por poco la tira. Athenea se puso otra vez en medio y le soltó gritando.

-¡Déjale Howard, este chico no tiene nada que ver contigo y ni lo conoces1 – dijo Athenea, él no le hizo caso y siguió andando hacia mí, yo me eché para atrás con rabia y Athenea volvió a gritar – ¡Vete Iván!

-Sí vete, no vaya a ser que tengamos que darte una paliza entre todos – dijo escupiendo al suelo. Era el chico más prepotente e idiota que había visto jamás, no sabía que retarme le iba a costar muy caro.

-Necesitáis a más amigos si queréis hacerme realmente daño, no caeré en vuestro juego de una panda de chulos asquerosos que piensan que el centro de magia es ellos – la cara de todos se les cambió con mucha sorpresa, pero a Howard se le puso una cara de enfado bastante atemorizante.

-Veo que no tienes ni idea de con quien te estás metiendo novato, los nuevos no suelen durar mucho aquí, vete acostumbrándote a que te peguemos palizas – dijo, generó una fuerza con su cuerpo que hizo que
 Athenea cayese a tres metros de donde estaba y de repente una espada apareció en su mano. Me quedé sorprendido, llevaba una espada de caballero, unas espadas legendarias que existían muy pocas en el mundo – Puedo deducir por tu cara que conoces las espadas de caballero, pero no te asustes, es una imitación muy lograda con un poder muy elevado aunque no llega a las de caballero, ¡DEFIÉNDETE NOVATO!

Su rapidez fue elevadísima, saqué mi espada de la nada como hizo él y frené la embestida con ella. El golpe generó una fuerza considerable, llegué a enterrarme unos centímetros en el suelo y el puente se quebrajó todo pero no cedió. Athenea se levantó con una expresión de dolor y se agarró el brazo, al parecer aquel golpe le había provocado una herida no demasiado grave en el brazo.

-¡Para ya Howard! – decía Athenea, pero esta vez ya no se acercó a nosotros. El chico saltó hacia atrás y se puso en pose de combate, yo me coloqué también y le dije que no teníamos porque luchar que él iba a acabar muy mal. Acabó riéndose de mí y me confesó que era el primero en pararle una acometida como la que había realizado en mí.

-Eres una persona demasiado cabezota, me obligarás hacerte daño – le dije seriamente y sin ningún tipo de remordimiento, él volvió a enfadarse como si el tratarle inferiormente le molestase mucho.

De repente cambió su pose, colocó la mano en alto y una bola de fuego apareció justo cuando hizo echó la mano hacía mí, no me esperaba aquello y con la espada, pude defenderme pero la explosión fue fuerte.

Todo se llenó de humo y sus amigos se pusieron detrás de él con sus armas, se rió Howard mientras Athenea había gritado un pequeño alarido por la explosión, empezaba a preocuparse. Cuando el humo se dispersó estaba totalmente como antes, sin ningún rasguño con la pose de defensa y todos se sorprendieron, incluso Howard.

-Te dije que no me subestimaras – de repente aparecí al lado de un amigo suyo, dejando un rastro de oscuridad por detrás, pero muy poca y cuando lo tuve enfrente de mí al chico, se le puso una cara de miedo bastante pronunciada y le di un golpe muy fuerte con mi espada en su pecho, provocando que saliese despedido unos metros hasta darse con las puertas de la cafetería. Luego aparecí detrás de otro de ellos y con un golpe en el estómago con mi puño, cayó al suelo arrastrándose con la boca diez metros. Y acto seguido también le di un golpe al tercer amigo en su cara, también salió despedido unos metros en el aire hasta darse contra el puente, a continuación volví a mi lugar donde empecé aquello – Si no quieres que te pase lo mismo, mejor huye.

Athenea, y toda la gente que había observando, estaba con la boca abierta. Todos sus amigos habían recibido una paliza pequeña de alguien desconocido, ellos se levantaron con dificultad. El primero que se había golpeado con la puerta, sangraba por la boca y aunque no le corté el pecho, se le notaba el golpe en la ropa, el segundo se levantó escupiendo sangre y el tercero también lo hizo pero sin dificultad alguna, parecía el más fuerte de los tres.

-¿Cómo te atreves a pegarles a mis amigos? Esta vez sí que la has cagado – se enfadó y empezó a cargar poder, con una fuerza bastante considerable que provocó que todo el puente empezase a temblar, y unas luces a su lado delataban que era un mago de luz, o sea, todo lo contrario a mí. No quise asustarme pero notaba que su fuerza estaba siendo considerable para empezar a preocuparme y cuando quise verlo, ya estaba a mi lado dándome un golpe en todo el costado, salí despedido unos metros y me frené en el aire pero estaba ya enfrente de mí propinándome otro golpe en toda la cara. Volví a salir por el aire pero esta vez para abajo y me metí en el pequeño río que pasaba por dentro del edificio – Ahora no creo que le apetezca tener ningún problema conmigo y como esto no me satisface, acabaré con él con un gran ataque.

Levantó el brazo en el aire y con la mano abierta, empezó a conjurar un hechizo que se iba formando en su mano. Todo se estaba iluminando con el ataque pero yo no le dejé hacer nada, aparecí enfrente de él con sangre en la boca y con cara de enfadado. Llevó un gran golpe con mi espada en el pecho que hizo que volviese a salir despedido en el aire del gran hall, que no tenía techo y no le dejé subir más, ya que le propiné otro golpe en toda la espalda que provocó que se diese contra el suelo a una velocidad de infarto. Luego como ya me costaba controlarme, creé una pequeña bola de energía de oscuridad que fue lanzaba con rapidez y que le tocó la espalda, provocando que todo el lugar se quedase unos segundos en oscuridad absoluta y luego una explosión muy fuerte sacudió el lugar, acto seguido todo el mundo se cayó al suelo por la honda expansiva. Me bajé al suelo y había dejado allí un pequeño boquete, con su cuerpo en medio, aunque se estaba moviendo.

-Quizás me he pasado demasiado – pensé mirándole, de repente se levantó con las ropas sucias y alguna destrozada, y pude ver como sangraba por la boca y la cabeza.

-Esto está yendo demasiado lejos – me sorprendió, estaba poco mal herido y había recibido una gran explosión con mi bola de energía, sería un rival bastante duro de derrotar. Cuando nos pusimos de nuevo en pose de combate, noté una fuerza muy elevada y una voz que gritaba:

-¡Basta ya! – aquella voz apareció de repente y un monitor con un uniforme de color azul, le dio un golpe en toda la nuca a Howard haciendo que se desmayase al momento y cuando quise darme cuenta, lo recibí yo provocando que todo se volviese en tinieblas.

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