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sábado, 26 de abril de 2014

Memorias de Indhalia - (La Resistencia) - Capítulo 2 - Visita al Director (El Primer Acto)

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Título del relato: Memorias de Indhalia
Libro: La Resistencia (1º Parte triología)
Parte: El primer acto
Autor: Black Luffy (Iván Ledesma)

Capítulo 2 – Visita al director

Desperté en una habitación que no conocía, miré para los lados y estaba un poco oscuro, pero entraba un poco de claridad através de una pequeña ventana que había en un lateral de aquel cuarto. Pude ver que no me encontraba solo y a mi lado, estaba leyendo un libro aquella chica llamada Athenea y no se había dado cuenta de que me había despertado.

Me eché para su lado y ella se fijó en mí, cuando me vió ya despierto sonrió con una sonrisa bastante hermosa y me dijo:

-Bien que has despertado, llevas incosciente varias horas – dijo ella con un tono de voz alegre. Me sorprendió que estuviese esperándome allí todo ese tiempo y yo también le quise devolver la sonrisa y así hice. Derepente todos los recuerdos de la lucha contra Howard me vinieron a la cabeza y recordé todo lo que había ocurrido, y me pasó todo como un gran lapsus.

-¿Qué ha ocurrido con Howard? – me levanté de cintura para arriba y me apoyé en el respaldo de la cama. Ella puso cara de asco y no quiso contestar, pensé que no hubiese ocurrido nada grave, aunque me hubiese pasado con aquel ataque justo al final de la pelea – Es igual, no tienes por qué comentármelo.

Llamaron a la puerta con dos suaves golpes y entró un chico de uniforme diferente a todos los que había visto hasta ahora. Su aspecto era bastante inocente y llevababa gafas, no era muy alto y su constitución era delgada.

-¿Iván Ledesma, alumno de último curso Brain? – Preguntó nada más entrar, asentí con la cabeza – Muy bien, cuando esté preparado necesito que me acompañe junta al Director de la escuela, debe tratar un asunto con él.

-¿¡Con el director!? – Gritó Athenea, entendí su forma de expresarlo que era algo malo y que ya no había comenzado con buen pie en el centro.

-Le espero afuera, ya que el médico le ha dado el alta – dijo, se marchó y cerró la puerta con suavidad. Athenea me miró con un poco de frustración y tristeza, yo me temía lo peor, me levanté y tenía la ropa de la enfermería puesta, fuí a un pequeño cuartito después de que ella me diese una bolsa con mi ropa y me cambié allí en privado.

Cuando acabé pude ver que mi ropa estaba intacta, debieron arreglarla con algún hechizo y claro, estaban incluso limpias. No hice la cama ni nada y nos marchamos ella y yo con un poco de preocupación, salimos de la habitación y el chico sonrió y nos invitó a ir con él haciendo un pequeño gesto de cortesía.

Athenea y yo estuvimos hablando a lo largo del camino, avanzamos por todos los pasillos que dirigian a la enfermería, ella me contó que cuando una persona iba al director, no era por nada bueno y que nunca solía salir de su despacho, únicamente para poder dar presentaciones de algún festival, o hacer declaraciones de cualquier problema pero claro, el ir a su despacho, no significaba nada bueno.
Llegamos al ascensor central, donde mi camino con Athenea se separaba, ella me abrazó y yo lo vi como un gesto un poco exagerado, no me iban a matar ni nada por el estilo pero entendí que era también un signo de cariño y que inspiraba tranquilidad. Llegó el ascensor y entramos los dos, estaba vacío y ya era de noche por eso, la actividad de la gente, había cesado.



Athenea me dijo adios con la mano y se marchó, me imagino que a su casa a descansar, el ascensor empezó a subir cuando el chico dijo unas palabras en un idioma que no conocía y eso me sorprendió. Tardamos un poco en subir ya que era el último piso y una vez que llegamos, el ascensor frenó con un poco de brusquedad, acto seguido se abrió la puerta y pude ver un hall grande, no parecía real, debido a que no podría entrar allí en lo que había visto del centro, era como si fuese mágica e infinito.
En la puerta había una mujer, sentada detrás de un pequeño mostrador, estaba pendiente de nuestra llegada, ya que nada más abrirse la puerta, se levantó de su silla y avanzó hacia nosotros.

-Bienvenido Iván, este es el lugar de la dirección del Centro – su voz era muy dulce, me sorprendió el tono que tenía – Muchas gracias Eddie, puedes ya retirarte y descansar, que ha sido un día duro.

-Muy bien, buenas noches – hizo un gesto de reverencia muy exagerado y yo le hice un gesto con la cabeza y se marchó en el ascensor. La chica me invitó a pasar y pude ver una gran alfombra que llegaba hasta el final de un pasillo muy iluminado y extenso, a sus laterales había cuadros de diferentes alumnos que a lo largo de la historia del Centro fueron los más galardonados.
Avanzaba poco a poco yo solo por el pasillo, ya que la chica se quedó atrás y me dijo que sólo tenía que seguir toda la alfombra hasta el final del pasillo y allí, me esperaría el Director en su despacho. Observé los cuadros que había en la pared hasta que encontré una que me resultó conocida, pude observar que era el gran Emilse Walter, que lo veía por primera vez en una foto, me quedé impresionado porque era mi vivo retrato, como si tuviese un hermano gemelo, y vi todos los premios, era la persona que más tenía de todos los que había visto y a su lado, estaba Nelse Donovan con el mismo número de premios ganados, era sorprendente porque fue el año anterior a Emilse y ahora entiendo por qué decían que le tuvo siempre mucho rencor.

No quise entretenerme más porque la chica seguía mirándome y cuando llegué al final del pasillo, la puerta se abrió sola y una gran luz apareció, como si una puerta mágica se abriera. Pude observar un majestuoso despacho, con estanterías a los laterales que llegaban a decenas de metros a lo alto y a lo profundo, parecía no tener final la habitación, todo era muy mágico.

Había como unas luces en el aire que se permanecian flotando e iluminaban la habitación, pequeños aviones de juguete volaban sin hacer ruído y naves de guerra lo hacían también pero como si estuviesen en el mar. Todo era fantástico y me gustaba, parecía una habitación de un niño, en vez de un director de un centro tan fantástico como este.



-Siéntate por favor, no voy a dejarte todo el rato de pie, sería descortés por mi parte – me dijo una voz que se escuchó detrás de columnas de libros que había en la mesa, derrepnte todos se empezaron a moverse y a dirigirse a zonas diferentes de las estanterías. Dejó la mesa totalmente limpia y con un pequeño papel, que parecía ser algún tipo de informe, fuí un poco cortado hacia la mesa del despacho que era bastante bonita por el acaba de madera que tenía y hacían juego con las estanterías y las sillas que había para sentarse. Me senté y pude ver que el Director parecía ser una persona pequeña, con el pelo corto y usaba gafas, ni gordo ni delgado y su voz era bastante tranquila por su tono pausado – Muy bien Iván, te he mandado subri hasta mi despacho para hablar sobre el altercado que hubo hace unas horas con otro alumno, llamado Howard y claro, me gustaría saber tu versión y la del otro alumno para aclarar las cosas pero ya me imagino que habrá pasado, viniendo de Howard.

-Bueno, yo no he hecho nada más que defender a la chica con la que se había metido y claro, me he metido quizás donde no debería y ha ocurrido lo que ha ocurrido, y reconozco que me he pasado con la fuerza – le dije avergonzado y mirando para él sin apartar la vista – Además yo tengo un buen carácter cuando hacen algo que no me gusta demasiado y claro, me cuesta controlarme y como no empecé yo el problema, pues lógicamente he tenido que defenderme.

-Te entiendo, aunque no lo creas yo suelo ver demasiadas cosas gracias a una habilidad que tengo y he podido entrar ahora en tu mente y ver toda la situación – yo me quedé helado, sabía leer la mente y tenía entendido que era un poder fictició pero al parecer existía – Gracias a tus recuerdo, ahora sé lo que ha pasado y veo que no has tenido la culpa de todo pero hay que tener paciencia y no saltar así en las batallas, un adversario suceptible suele caer en los engaños y ser derrtado, por lo tanto espero que mis palabras te sirvan en un futuro.

-Muchas gracias por el consejo, la verdad es que tiene un poco de razón, me he dejado confiar demasiado y ha ocurrido lo que ha ocurrido – le comenté – Y qué castigo me caerá, me lo merezco por mi ignorancia.

-Lo he meditado y pienso que no será correcto castigarte por algo que no has empezado tú y lo mejor que podrías hacer apartir de ahora, es ignorar las palabras de Howard, ya que este chico no tienen ningún remedio y no puedo echarlo del centro – me dijo, yo me extrañé que no me pusiese un castigo y me quedé más aliviado y sin ninguna nueva carga, así que respiré tranquilo.

-Sé que es meterme, pero por qué no puede echarle, por lo que entiendo en sus palabras, me está comentado que ya lo ha hecho más de una vez – intenté no meterme pero ya le había cogido rabia a ese Howard.

-Sí, se suele meter a menudo en problemas así pero siempre acaba bien él, debido a que su potencial es bastante increíble y me sorprende que haya podido haber alguien que le hiciese frente – me puse un poco rojo pero en eso tenía razón, el potencial de Howard era realmente elevado- El problema está en que el mayor inversor del centro, es su padre y como tiene ahí esa seguridad, suele meterse en problemas como si fuese un niño pequeño y una de las cosas que más me disgustan, es que hace el mal disfrutando, pienso que no acabará bien y estoy cansado, no quiero lo peor para mis alumnos así que lo castigaré mañana.

<<Bueno ya va siendo tarde y me imagino que estarás cansado, el primer día suele ser duro y más cuando pasan estas cosas, puedes marcharte ya para tu apartamento pero antes, ¿tienes alguna pregunta o duda?>>

-No…bueno sí, me gustaría preguntarle por uno de los cuadros que hay afuera colgados, ¿uno de ellos es Emilse verdad? -Le pregunté porque la curiosidad al ver que era mi vivo retrato, me había entrado la curiosidad.

-Sí puede ser, hay demasiados cuadros ahí pero ahora mismo no podré atenderte con eso, voy a tener que acabar unos trabajos que tengo en mente antes de poder irme para cama, ya te ayudaré un día, un placer Iván – me dijo sonriendo y con prisas, derrepente los libros volvieron a su mesa y fue un gesto para invitarme a irme, la puerta se abrió sola de nuevo y me marché.

La chica estaba ya en la puerta y me acompañó hasta el ascensor, y no pude volver a ver ese cuadro. Bajé en el ascensor y la chica fue tan amable de dejarme en mi apartamento, ya que no estaba seguro de donde me encontraba cuando bajé en ese ascensor, era diferente a donde había entrado, todo era tan mágico que me sorprendía.

Cuando llegué a mi apartamento, me despedí de la chica y me tiré en el sofá a mirar la televisión. No daban nada interesante y lo que hice fue ir para cama y ponerme a pensar en todo lo que había sucedido aquel día, y cuando quise fijarme, eran las 4 de la mañana y poco a poco empecé a cerrar los ojos hasta quedar dormido profundamente.

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